Anatomía de un punto de vista

Me prometí (hoy que sigo aislado por el hielo) escribir una frase de estas cuando reapareciera en el libro (¿novela?) que estoy leyendo sobre el 23F.

“…porque la realidad adolece de una curiosa propensión a operar con lugares comunes, o a dejarse colonizar por ellos; también se complace a veces -ya lo advertí antes- en fabricar extrañas figuras…”

El caso es que el libro no se presenta como una novela. Es más bien una reflexión sobre hechos, un lateral imaginativo erigido a partir de unos hechos, descritos a partir de unas imágenes.

Hay conspiraciones, análisis sobre el sentido de lo real, semiología, semántica y la recurrencia de la expresión “político puro”, que es lo único que todavía se me escapa en este libro.

Como suele suceder en este tipo de textos, el libro dice poco de los hechos. Es poco informativo, ni siquiera en su intento de diseccionar los muchos golpes dentro del golpe. Dice mucho más del autor, y de su generación, del momento en que se encuentra y de cierto revisionismo (no malintencionado) de la historia.

21:17 en Washington

Me pregunto si el autor del libro podría formar parte de una generación del nuevo desencanto, con libros como éste. No hay duda de que España vive un momento para el desencanto, y que tanto el escritor del libro como otros autores, como él, nacidos antes de la democracia y que ahora repiensan la transición, el felipismo y los años de Aznar, se han dejado imbuir por ese desencanto que no es otro que la constatación de que tras los ideales -las causas- ha habido siempre una realidad que contar. Y yo, personalmente, desde mi cómoda posición de periodista novato, jamás he sentido tanto temor, tanto miedo, ni tanto desencanto personal como cuando he considerado que se me escapaba algo de la realidad que me disponía a contar. Una hoja en blanco, un suceso y la sensación de que el periodista no lo sabe todo, que hay aún mucho por preguntar, por indagar, por saber. Eso es desencanto. Desesperación, más bien.

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