Desgarrados y depravados

Las fuentes policiales. Una nueva historia de equilibrismo policial, con el simbolismo típico de una novela de Balzac. Dos padres y cuñados entre sí que se prestan a sus hijas para abusar de ellas. Sólo visto en los informes de los cuarteles de policía.

Las violaciones se descubrieron en 2008 y en ellas participaron presuntamente otros dos amigos de la familia, también acusados, al igual que las madres de las niñas por conocer las agresiones y no impedirlas. Ahora se ha conocido que los cuñados se intercambiaban a sus hijas para abusar de ellas.

Esas madres, que no hicieron nada. ¿Cómo lo sabemos, que no hicieron nada? ¿Las amenazaron de muerte sus maridos para que no dijeran nada? ¿Cómo puede permitir una madre que se cambien a su hija por su prima, para violarlas a ambas? Depravación.

En un pequeño piso del barrio sevillano de Los Pajaritos convivían dos matrimonios y ocho menores con graves problemas de higiene y educación. Pero tras un indicio de maltrato identificado por una maestra, los desgarradores relatos de las niñas a los educadores y psicólogos destaparon en mayo de 2008 una convivencia depravada de continuos abusos sexuales por parte de los padres y sus amigos, a veces en presencia del resto de niños.

La novela decimonónica, el novelón, tenía sus códigos y sus rutas. Sus escenarios: París, ciudad de huida. El tren: suicidio. La iglesia: redención. Aquí, Los Pajaritos: perdición. Cuando alguien dice Los Pajaritos debe añadir: “problemas de higiene y educación”. ¿Cómo saben las fuentes policiales lo de los problemas de educación? ¿Eructaron los niños cuando entraron? ¿No sabían cuál era la capital de Malí? En la novela del XIX el contexto marcaba el carácter de los personajes, a la Blasco Ibáñez: ciudad de provincias, burguesía rica. Campo, entre barracas, campesino noble y atormentado. Si hay familias que viven en Los Pajaritos, deben estar desestructuradas, como dicen los sociólogos.

El periodista da el recorrido de la denuncia: una maestra llama a la policía, la policía interroga a la familia, los agentes filtran a la prensa. Su relato es “desgarrador”. Probablemente es el único adjetivo del periodista. Bueno, probablemente “depravada”, al hablar de la convivencia, también es del reportero.

Motivos para usar esos calificativos no le faltan. Al fin y al cabo los agentes le han dicho que hubo “continuos abusos sexuales por parte de los padres y sus amigos, a veces en presencia del resto de niños”. Orgías desenfrenadas de un grupo de padres pérfidos, follando niños, sin importarles cuáles, sólo por el placer de hacerlo. Imagínense, a los policías mirando por la ventana y tomando notas. Por que si no ¿a qué tanto naturalismo en esa descripción?

En ningún momento de la crónica se dice de dónde procedió la información. Dice el periodista: “Las terribles descripciones de múltiples y continuados abusos hicieron que el juez ordenara que los padres, de iniciales A. M. M. y J. M. P. y de unos 40 años, ingresaran en prisión preventiva, que finalizó ocho meses después”. Pero ¿quién hizo esas descripciones? ¿Bajo qué condiciones? ¿Cuándo? El reportero sólo aclara que esos testimonios “fueron un caos”: “los psicólogos intentaron poner orden en el caos de abusos sexuales cruzados en la familia y fuera de ella”. Las niñas. Seguramente fueron ellas, claro. Pero ya sabemos, gracias a otros con más capacidades intelectuales y experiencia, qué sucede cuándo a los niños se les interroga a solas.

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