Ancianos dementes

Niños y ancianos: víctimas que no lo saben.

La semana pasada, el Post publicó una crónica sobre un mataviejitas cualquiera, un tunante que cortejó a una anciana y le robó, decía el periodista, todo el dinero posible. Su fuente era la fiscalía.

Fíjense en qué sándwich:

Los fiscales alegan que Greenberg no buscaba amor; era parte de un gran timo — un ejemplo audaz de los robos que se espera que aumenten a medida que el número de gente mayor de 75 años casi se doble en las dos próximas décadas. De acuerdo con el Instituto sobre Gente Mayor de MetLife, más de 2.600 millones de dólares se sustraen anualmente de ancianos de EE UU que pueden haber perdido su lucidez mental, funciones físicas o ambos.

Este es el sándwich: lo que dicen los fiscales + lo que sucede ahora con esta pobre mujer + datos, datos, datos, de una encuesta oscura de una aseguradora, que lo que quiere es venderle más seguros a esos pobres ancianitos.

En la actualización de hoy, tras una vista oral, el lead lo dice todo. Es una declaración de intenciones:

Aunque sus historias son dramáticas, las víctimas de la tercera edad en juicios por estafa son testigos muy poco fiables. Muchas encuentran sus situaciones tan embarazosas que insisten en que nadie les ha robado nada. Otros, que sufren demencia, creen que el sospechoso aun está de su lado.

Así justifica el periodista que la anciana pida que dejen a su supuesto estafador libre. Y se cubre las espaldas. Si la justicia desmiente sus afirmaciones de periodista, es porque la anciana está demente. Acabáramos.

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