Un delincuente común

Hay gente a la que hay muertos que le gustan más y muertos que le gustan menos. Sobre todo a la progresía que cree en el único valor del relativismo moral.

Luego, hay héroes que gustan y héroes a los que se tacha de gusanos. Es lo de siempre, los dos bandos. En Miami, la gusanera, hay muchos luchadores que aquí son héroes y al otro lado del mar son traidores. Así es la vida.

Ahora, con hechos.

Un fontanero cubano encarcelado en 2003 por desobediencia civil, cuando participaba en una huelga de hambre para pedir más libertades civiles, muere tras una huelga de hambre de 86 días a través de la que pedía una mejora en el trato a los reos.

Para el gobierno cubano, así como para cierta progresía española, era un ” “delincuente común” “. Lo pongo entre dos comillas porque me quiero aislar lo suficiente de esas palabras y de quien las pronuncia, gracias.

Es lo que tiene. Los excesos de la dictadura cubana y el nacionalismo árabe siempre tendrán un pequeño lugar en el corazoncito de los progres españoles.

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