Timador

Es un ídolo para muchos periodistas de mi generación, sobre todo para aquellos que consideran que hay que ponerle pasión al oficio, los de la convicción torera y los reportajes en primera persona.

Hoy quien estuvo a su lado durante numerosas jornadas, define a Kapuscinski como un mentiroso.

Se atribuyó haber visto 27 golpes de estado y revoluciones, haber sido condenado a muerte 4 veces, haber sobrevivido a la malaria y a quién sabe qué infortunios.

No lo dijo él, lo revelaron otros, pero fue un espía del partido comunista polaco y delató a otros ciudadanos. Él no estuvo allí para ver qué pasó con ellos.

Mentía. Decía ser un periodista pero no lo era. Era un novelista. Lo demostraron muchos analistas. Embelleceía la realidad para, dicen sus seguidores, crear metáforas trascendentales. Yo creo que la arreglaba como quien arregla un belén: para que todo quede bonito.

Según él mismo dijo “la más intima relación se entabla entre la literatura y sus lectores, pues éstos tratan el texto como una parte de ellos mismos, como una posesión”. Y qué duda hay de que Kapuscinski les ha engañado.

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