Por una hamburguesa

Ayer, la Justicia de Washington absolvió a Terrence Jones, de 20 años. El periodista no sabe qué hacer ante un inocente que, a todas luces, es culpable. Si no, fíjense. Ya desde el titular:

Un hombre de Washington, absuelto de asesinar a una mujer por una hamburguesa

Ahí hay dos elementos: alguien mató a Tanganika Stanton, y ese alguien lo hizo por una hamburguesa. Momentos antes de ser asesinada, Tanganika se negó a darle a Terrence una hamburguesa. Por lo tanto, una cosa lleva a la otra: Terrence pidió una hamburguesa, Tanganika no se la dio, Terrence mató a Tanganika.

No hay pruebas suficientes. Las que no le han valido al jurado, le valen al periodista.

Por ejemplo: un niño de 10 años que acusó a Terrence.

La semana pasada, el niño, de 10 años, testificó, con una voz baja pero fuerte (ojo: ¡baja pero fuerte!), ante el jurado, que vio a Jones disparar a las mujeres…

Pero el testimonio del niño pareció desmoronarse (ojo: sólo pareció, que no se llegó a desmoronar, según este cronista) al ser contrastado…

Y luego está la dignidad de la familia:

Dos filas de la familia de Stanton aguardaban sentadas en silencio (ese detalle, superfluo, absurdo, ridículo: claro que están en silencio, en un juzgado)…

Después del veredicto, la tía de Stanton, Jackie Jackson, se preguntaba por qué ni Jones ni sus abogados ofrecieron una coartada sobre dónde estaba a la hora del tiroteo: “Lo hizo. Y si no lo hizo, hay otro asesino suelto. Pero lo hizo”.

Si no fuera tan cruel, esta crónica sería cómica.

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