¿El pecado nefando?

La selección de Elena Kagan para la Corte Suprema de EE UU va a poner a prueba a toda la prensa norteamericana. Parece que el debate sobre si es lesbiana o no se va a dejar a blogs como este. Obama ha sido muy inteligente: Kagan es muy reservada con su vida privada. Ella ni dice ni niega que sea homosexual. Si los conservadores la atacan por ello, corren el riesgo de protagonizar una caza de brujas. Y el presidente, listo como pocos, se saldrá con la suya. Estoy seguro de ello. Kagan no ha sido juez jamás. No tiene una trayectoria que defender o de la que renegar, como Sonia Sotomayor. Sólo sus apariciones públicas y su año como representante del Gobierno ante el Supremo. Tabula rasa.

Los diarios serios sólo han tratado el tema muy tangencialmente, utilizando una referencialidad casi onírica: los blogs de unos acusan a los blogs de otros de decir que el otro ha dicho que alguien ha hablado de lesbianismo. Es decir, un galimatías tras otro para usar esa palabra: lesbiana. Lo hace el Chronicle. Lo hace el Post. Lo hace Politico. Y muchos más.

El caso no es si Kagan es lesbiana o no. El caso es: ¿por qué no se puede hablar de ello? ¿Por qué este tabú? A Nixon le tumbaron a dos nominados seguidos por ser ambos sureños. Aquel presidente se quejaba de que el Senado veía en el sur un racismo que era cosa del pasado. Sonia Sotomayor es latina, y orgullosa de ello. Su latinismo fue, de hecho, algo por lo que Obama ha ganado muchos apoyos en la comunidad hispana. Se ha hablado, en páginas y páginas, de que la mayoría de los jueces son católicos. Y ¿si Kagan es lesbiana, no influirá eso sobre sus opiniones respecto al matrimonio gay?

Por supuesto, Kagan puede ser todo lo reservada que quiera. Y salir con quien le dé la gana. Lo único que me enerva es que el hecho de ser gay se trate como un tabú. Y que lo hagan incluso los que deberían exigir más normalidad sobre ello. Por una vez, EE UU debería aprender un poco de la frescura española.

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