Mira quién habla

El trabajo de primera dama: tan duro. Lo digo sin ironía. Veamos: posar junto al marido, mantener la casa decente, luchar por causas huecas como la correcta alimentación o la belleza de las calles o el ‘no’ a las drogas. Es decir: estar ahí sin molestar. No destacar, pero sin desaparecer.

Es difícil escribir sobre primeras damas si caer en la caricatura.

Pocas veces se han saltado las primeras damas el guión siendo primeras damas. Lo hizo, lo recuerdo, Bárbara Bush (a favor del aborto, recuerden) llevando un lazo rojo contra el sida en la convención en la que se ratificó a su marido para la candidatura al segundo mandato que perdió. Lo hizo, con el ímpetu de un bulldozer, Hillary Clinton, que no quería ser primera dama, sino 50% presidente. Fracasó.

Con algunas salvedades, parece que las primeras damas están a la izquierda de sus maridos. Y el guión periodístico que se escribe a diario en esta ciudad nos obliga a ignorarlo y a tomar como referencia la cursi y machista frase de “detrás de cada gran hombre hay…”.

Por eso me sorprende la reacción mediática a las últimas declaraciones de Laura Bush, en las que asegura estar a favor del matrimonio gay y a favor del aborto.

Sobre el matrimonio gay, la reflexión de Bush es impecable. Repito: impecable. Asegura la ex primera dama que un hombre y un hombre, o una mujer y una mujer, tienen derecho de estar juntos, de forma monógama, que eso es una familia, y que el movimiento conservador debe abrir sus brazos a gente de esa naturaleza. Es decir: dejad a los gays ser conservadores.

¿Dónde estabas cuando te necesitábamos?“, le preguntan los opinadores profesionales.

Bueno, creo que todo lo contrario. Durante su estancia en la Casa Blanca a Laura Bush se le prohibió opinar y se vio obligada a emprender una campaña a favor de la lectura. Ahora, un año después de marcharse, hace pública su opinión.

Está a la izquierda de los Obama en esos asuntos. Es un hecho. Lo mismo que Dick Cheney y Cindy McCain. Pero ese hecho es demasiado extraño como para que a algunos periodistas se nos permita incluirlo dentro del sentido común. Obama sigue siendo un tótem. Dejad que Laura siga siendo un tabú.

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