Fuera de contexto

Lo que le ha pasado a Shirley Sherrod le pasa a mucha gente: es la importancia del contexto y la necesidad del periodista de recoger en su información el sentido completo de lo que dice una fuente o un entrevistado. Y es la crueldad del titular.

¿Cuántas veces hemos oído lo de “se sacaron mis palabras de contexto”? Miles de millones. Las dicen gobernantes, ciudadanos anónimos, banqueros y sindicalistas a diario.

En este caso, más o menos, Shirley Sherrod dijo: “Una vez le intenté dar una lección a un granjero porque era blanco, y yo negra…”. Los medios de extrema derecha de EE UU se admiraron ante semejante declaración, la magnificaron, la llevaron a sus portadas e informativos. Y se les olvidó incluir la segunda parte: “…hasta que me di cuenta de que la injusta era yo, de que no había lección que enseñar, que éramos hermanos. Y le ayudé, y juntos encontramos la forma de que pudiera sacar a su familia adelante”.

Era una historia de superación personal, de solidaridad y decencia. Los medios la convirtieron en una pantomima ridícula de racismo inverso y búsqueda ansiosa de cabezas de turco.

Algunos medios, poco serios, poco representativos, poco decentes, llevan meses buscando formas de encontrar en la era de Obama un racismo inverso de los negros contra los blancos. De verdad. Se quejan de que hay presidente, ministro de justicia, congresistas, jueces del supremo, etc. negros. Y como han hecho con las mujeres y el feminismo, buscan con ansia que esos negros sean una caricatura de sí mismos, que sean tan racistas como lo es el Tea Party.

Con la funcionaria Sherrod, sin embargo, han ido demasiado lejos. Es una mujer decente, una trabajadora que se ha pasado la vida tendiendo puentes, la base sobre la que Obama ha podido llegar donde está. Intachable.

Fox News, sobre todo, pidió su cabeza. Sus diversos presentadores la llamaron racista, intolerante, radical. Como se dice en estas ocasiones, la Casa Blanca la dimitó. La historia ya se ha contado. Al final, en el titular de esta noticia ha tenido que caber todo: el principio y el final de la amarga frase de Sherrod.

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