Un filtrado para el lector

Sobre Wikileaks, Hillary Clinton se pregunta airada si el Gobierno de EE UU no tiene derecho a tener sus informes honestos sobre líderes extranjeros, como Zapatero o Sarkozy. Según cuenta con sentido del humor, un homólogo (probablemente el ministro de asuntos exteriores turco) le ha dicho: “No pasa nada, deberías ver lo que nosotros opinamos de vosotros”.

Wikileaks no es un medio de comunicación. Es un portal web con una nutrida historia de activismo político a sus espaldas, que ha tenido la acertada idea de entregar los documentos a medios de sobrado prestigio y buen hacer. Hay valoraciones muy diversas sobre la adecuación en la publicación y la importancia de esa filtración. De momento, no es una filtración que vaya a tener consecuencias inmediatas como la caída de un Gobierno.

Pero son muy valiosos para el lector porque son una oportunidad, raramente vista, de contrastar el lenguaje diplomático con la realidad. Ahí está lo que opina, al desnudo, la gran potencia mundial sobre sus enemigos y, más revelador, sobre sus aliados.

Los periodistas españoles en Washington intuímos cómo ve la Casa Blanca a Zapatero y su Gobierno. Es una cuestión de impresiones. Pero digamos que, valoraciones a parte, no se dignifica al presidente español con un trato deferencial o de aliado estrechísimo como le sucedía a Aznar con Bush. Lo que hoy revela Jan Martínez Ahrens en El País es la comprobación irrefutable y con pruebas de ello.

Por eso esto es un triunfo de cobertura de medios como El País sobre arcanas organizaciones de revelación de secretos en Internet. Es una comprobación de lo que aseguran buenos y veteranos periodistas: que lo importante está en el análisis de la realidad, desprovisto de opiniones o valoraciones innecesarias. Los hechos, filtrados.

Y lo demás, es decir, borrar cualquier referencia a esta valiosa filtración de los propios medios, como hace algún medio, es no respetar a los propios lectores.

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