Reconciliación

Barack, el traidor. Así le pintan diversos artículos de opinión, sobre todo en los medios del centro izquierda.

Le quedan dos opciones: ser un Clinton, y hacer de las aspiraciones de John Boehner las suyas. O seguir como hasta ahora: líder de un partido, además de líder de un país.

La historia puede repetirse. En 1994, el dúo Clinton/Gingrich ya lideró al país a través de una compleja época. La cooperación de los dos políticos fue extraña y fructífera para ambos.

Por un lado, los republicanos ganaron terreno, sobre todo entre las personas socialmente conservadoras (evangélicos, son ahora 80 millones). Y Clinton se aseguró la reelección, a pesar de sus escándalos. Los únicos perjudicados: los demócratas en el Congreso.

De aquella época destaca la habilidad innata de Clinton para nadar en todo tipo de aguas políticas. El New York Times lo analizaba en 1997, en este análisis de su segundo discurso inaugural, en que le atribuía al presidente algo que necesita aprender Obama: reconciliación.

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