A la desesperada

Libelo de sangre. Sarah Palin utiliza esa expresión para protegerse. “Me someten a un libelo de sangre”.

Querría decir, literalmente, que alguien, detractor de Palin, la acusa falsamente de verter la sangre de un infante cristiano para beber su sangre, al estilo de una novela de Umberto Eco. Se aplicó durante décadas a los judíos, no sólo en la Edad Media, sino en los pogromos rusos y las masacres alemanas.

Palin habla de una masacre pero se convierte en la protagonista de los hechos. “Me atacan, defendedme”. Y obvia que ella misma, en su página web, publicó una foto donde la mirilla de un arma se posaba sobre el distrito electoral que eligió a Gaby Giffords, la congresista tiroteada que, además, es judía.

Palin usó imaginería violenta para pedir acción política contra Giffords. Un demente mató a seis personas y envió a Giffords a cuidados intensivos. La nación le pide explicaciones a Palin. Pero ella es víctima de un libelo de sangre.

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