Legado

Hoy dedica el Journal un largo editorial a decir que qué bien que Obama, por fin, haya reconocido que las torturas de Bush eran necesarias. Sin ambages. Porque se ve en la necesidad de reabrir las comisiones militares de Guantánamo.

Dedica unos cuantos párrafos a recordar cómo criticó Obama, como candidato, a Bush, por los juicios sin derechos a presos de Guantánamo. Luego dice: claro, pero cuando llegó a la Casa Blanca, se resignó a hacer lo mismo que Bush.

Qué pena que se olvide el editorialista de una cosa crucial: Obama es presidente, no mago. No puede hacer desaparecer el penal. Bush se lo dejó como regalo. Y la gustaría hacerlo desaparecer, pero seguro que no a cualquier precio. El legado de Bush en ese área es tan ponzoñoso que aquellos lodos le llegan a Obama a la cintura.

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