El escandaloso asunto del periodista encerrado en el armario

Un periodista debe seleccionar las palabras con cuidado, siempre.

Los reporteros que trabajamos en Washington recibimos una serie de correos diarios de la Casa Blanca en los que unos periodistas que se turnan nos cuentan pormenorizadamente lo que hacen Barack Obama y Joe Biden durante todas las horas del día. El 23 de marzo recibimos un correo de Scott Powers, del Orlando Sentinel, que nos contaba la participación de Biden en un evento en la mansión del magnate Alan Ginsburg en Florida. Decía Powers:

La cobertura de prensa se ​​limitó a un reportero, al que se le permitió escuchar las observaciones, pero no se le dio la oportunidad de hablar con nadie en el evento.

Mientras esperaba a ver a Biden reunirse con el magnate, Powers quedó encerrado en una habitación pequeña, con una ventana, llena de trastos, en la que habían colocado una mesa y una silla. En esa larga hora, Powers tomó una foto y se quejó a su editor por mensaje de texto.

El editor publicó esta información en el blog del Orlando Sentinel:

No andamos en busca de simpatías, pero la vida de un reportero de temas políticos no es siempre champán y canapés. Considere la situación de nuestro Scott Powers, quien fue enviado a visitar la casa de Alan Ginsburg en Winter Park esta mañana como reportero designado, donde el vicepresidente Joe Biden fue a representar al Gobierno de EE U. con el senador Bill Nelson (D-Fla). Resulta que comoel vice no había llegado, y había en la casa cerca de 150 invitados (donación mínima de $500). Así que para evitar que Scott se mezclara con la multitud, un miembro del equipo de Biden lo encerró en un armario – y se quedó afuera, en la puerta, para asegurarse de que no salía sin permiso. Scott nos mandó un correo esta foto de su prisión provisional. “Se oye como si fuera una buena fiesta”, escribió.

El uso de la palabra “closet”, armario, provocó una reacción de dimensiones totalmente desproporcionadas. La Casa Blanca se disculpó ante Powers y el Sentinel. Pero decenas y decenas de blogs hablaban del encierro al que Joe Biden sometió al periodista. Y dentro de un armario, ni más ni menos. Era como un Guantánamo a la libertad de expresión.

El problema es que el reportero estaba en una casa privada, en un acto privado, viajando con el vicepresidente, que se retrasó. El “armario” era un cuarto pequeño en el que tenía espacio para trabajar. Luego matizó en su blog.

Cuando el periodista deja de ser invisible, o al menos deja de pasar desapercibido para que lo importante sea la información, pasan estas cosas. Y es el peligro de los blogs: por muy blogs que sean, el periodista debe aparecer en ellos como si firmara una crónica, con los mismos principios, con la misma discreción. Y más si el blog está afiliado a su medio.

Recuerdo un evento de Sarah Palin en Troy (Ohio) en 2008 en que el Servicio Secreto me mantuvo apartado en un baño en un polideportivo 45 minutos. Habían aislado el pasillo hasta que llegara la candidata. Me senté en el suelo y leí el periódico, hasta que Palin llegó y pude grabar sus palabras y escribir su crónica. No me sentí especial. Son gajes normales del oficio, como sucede en otras tantas ocupaciones. En esos bretes no nos jugamos el tipo ni estamos haciendo ninguna heroicidad. Simplemente: nos pagan por ello.

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