Noticia de un sucidio

La ficción imita a la vida, es un hecho. Lo malo sería si la vida imitara a la ficción. Y todavía sería peor si el periodista pensara que tiene ante sí una novela.

En Princeton he seguido la pista de un caso oscuro de despido y suicidio. Y no es cómodo para un periodista escribir sobre suicidios porque, salvo en muy contadas ocasiones, nunca se sabe muy bien qué llevó a una persona a matarse. Aunque lo confiese por carta, pues puede que en el momento de la escritura estuviera bajo circunstancias extremas, en el aspecto mental o físico.

El libro de estilo lo dice claramente: 1.6. El periodista deberá ser especialmente prudente con las informaciones relativas a suicidios. En primer lugar, porque no siempre la apariencia coincide con la realidad, y también porque la psicología ha comprobado que estas noticias incitan a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio y que sienten en ese momento un estímulo de imitación. Los suicidios deberán publicarse solamente cuando se trate de personas de relevancia o supongan un hecho social de interés general.

Tratando de ser cuidadosos, deberíamos evitar centrarnos en opacas conspiraciones y rumores no atribuibles a nadie, alejándonos de lo publicado por el Times -sorprendendetemente- y el Post.

Y sería bueno, aunque es sólo una recomendación, no buscar comparaciones literarias. Sólo por respeto a las partes implicadas.

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