Una ‘machada’

El presidente de la comunidad en la que voto, Francisco Camps, da hoy una entrevista a un medio, la primera en dos años que han estado plagados de demandas, investigaciones y escándalos. El periodista de Las Provincias ha perpetrado un texto que no sólo se salta todas las normas y convenciones estilísticas y éticas, sino que se convierte en un relato que pretende ser de humor y que sería gracioso si no fuera, precisamente, la primera entrevista a un presidente valenciano imputado por un delito.

Lo peor de este texto es el grado de protagonismo que alcanza el redactor -que renuncia al título de periodista- como modo de prevenir cualquier crítica a su labor. La entrevista es mala, es tendenciosa, usa palabras que no existen, es machista… es de todo menos profesional.

http://www.gva.es/portal/page/portal/inicio/la_administracion_valenciana/area_presidencia/ap_fotografia

Es, creo, una traición a nuestro oficio. El periodista debe enfrentarse a la realidad, debe buscarla en el entrevistado, debe ansiar saber cuál es la verdad, debe evitar responder ante el que tiene enfrente y hacerlo únicamente ante el lector. Si a uno no le gusta sentirse incómodo cuando mira a un entrevistado a la cara, que no se dedique a esto.

En fin, he resumido la entrevista para evitar el trance de tener que leer la propaganda que contiene, que es casi todo su texto. Lo mejor, lo básico, está aquí:

Trinco un taxi en la Gran Vía y me dirijo a la cita con el president Camps para entrevistarle. Me acongojo. Lamentable. El president Camps me espera en la calle. Nos saludamos. Subimos al piso. Acepto una cerveza. Pido al anfitrión permiso para fumar.
-Gana usted las elecciones autonómicas y se convierte en president, ¿qué se le pasa a uno por la cabeza en esa situación?
-Fue un momento muy emocionante.
-¿De qué se siente usted orgulloso como president durante estos años?
-Estoy orgulloso del cariño y el afecto de los compañeros.
Llegados a este punto, debo embarcarme en la rabiosa actualidad. Me da miedo. Soy la clase de persona que jamás devuelve una prenda porque temo enfrentarme al dependiente. No les digo más. Pero claro, si no le menciono lo de Gürtel voy a quedar fatal ante los compañeros y los lectores. También es verdad que, al no mantener ningún prestigio en la profesión, a peor no puedo ir. ¿Pregunto o no pregunto? ¿Soy un hombre o una gallina? Siento que me crecen las alas. Compongo faz frailuna y me embarco hacia los terrenos resbaladizos. Intento empezar con disimulo.
Me recrezco. Me envalentono. No debería. Total, ¿qué voy a ganar? Nuestras miradas se cruzan y proyecto la palabra tabú.
-¿Qué me cuenta usted del asunto Gürtel?
Lo he soltado. No me lo puedo creer. He dicho ‘Gürtel’. El president no se cuartea como Drácula ante los rayos del sol. Asume el golpe sin inmutarse. Ignoro si la procesión va por dentro
-Mira, prefiero no hablar de ese tema…
Vale, de acuerdo, a lo mejor debería insistir, pero yo no soy un Navy Seal. Ni siquiera hice la mili. Ni siquiera soy periodista; estudié Filología Románica y tampoco acabé, que me lo dejé en quinto. Así pues, prefiero no hurgar
Tengo hambre y estoy cansado. Le digo que por mí ya vale. Está de acuerdo. Nos largamos.

Llamo a una preciosidad con la que había medio quedado. No me contesta. Otro fracaso sentimental a la vista. Lástima, me gusta mucho pero debe de estar enfadada, creyendo que estoy de juerga con los amigotes. Le habría dado la exclusiva: «Nena, acabo de entrevistar al president y le he preguntado por ‘Gürtel’, fíjate qué remacho soy».

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