Culpen a la revolución sexual

Las fuentes son lo que nos permite trabajar a los periodistas. Nuestra relación con ellas es crucial, y debemos discernir si son interesadas o no. Hoy, la conferencia episcopal de EE UU ha intentado disfrazar de rigurosidad algo que a todas luces es una adulteración de datos. Se nos ha informado de que revelaba un informe que demostraba que los casos de abusos a niños son consecuencia de los cambios sociales de los 60 y 70, y de la revolución sexual.

Aquí está el informe. Y esto es lo que dice:

Movimientos sociales, tales como la revolución sexual y la generalización de la comprensión de la victimización y el daño sexual, necesariamente han influido dentro de las organizaciones tanto como en la sociedad en general.

El problema de ese estudio, que rechaza que el problema de los abusos sea sistemático, un problema estructural de la iglesia, y lo convierte en hechos de individuos influenciados por su tiempo, es que no es un estudio.

No es ciencia, no es investigación. Los obispos le encargaron el estudio a una universidad. Le pagaron 1’8 millones y no le permitieron hablar con los curas. La premisa está contaminada: toda información recabada proviene de información recolectada y filtrada por la propia iglesia.

El caso es que las conclusiones del informe confirman una idea que los obispos de EE UU llevan diseminando desde hace décadas: que la culpa es de la sociedad, que la revolución sexual estropeó mucho las cosas. Parece que piensen que estábamos mejor en los cincuenta.

Pero si se fijan en este gráfico, aunque hubo un aumento de abusos en los 60 y 70, eso no quiere decir que no hubiera abusos antes o después.

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