Twittergate

¿Peligroso, el Twitter? Los periodistas somos adictos a él y ha propiciado, es cierto, una acelerada inmediatez. Pero nos ha quitado el tiempo adecuado para comprobar, madurar, apuntalar la información. Los ‘trending topics’: sabemos de qué se habla en la Twitesfera, pero no sabemos si todo lo que se dice es cierto y verídico.

Luego, está la precipitación de los no expertos. Los políticos que, como Weiner, de Nueva York, mandan fotos subidas de tono sin saber que van a parar a todo el mundo en lugar de a un solo destinatario. El error es común y en muchas ocasiones se culpa a “becarios” o a “agencias externas”. Otros los borran, sin más, como este mensaje del legislador Mike Parry de 2009 en el que se despachó a gusto con Obama, llamándole “negro arrogante”.

En Twitter todos tienen voz. Es difícil, muchas veces, diferenciar fuentes fiables de dobles paródicos. Todos estos son falsos.

A veces, los propios periodistas confundimos a personajes que ya no sabemos si son ciertos o no, como le sucedió recientemente al director de un importante diario español, que como se puede ver en la imagen, retwitteó esto:

Lo peor es que según un reciente estudio del centro Pew, sólo un 1% del tráfico de Twitter se redirige a sitios web de información. Los lectores de la Twitesfera no quieren ampliar fuentes y datos. No quieren contexto, sólo sus 140 caracteres de información inmediata. Y eso no debería calificarse, de momento, de periodismo.

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