La simbología de un suceso

La muerte de Amy Winehouse, no por anticipada ha dejado de causar una sensación mediática. Medios de todo tipo, incluso los más serios, se han dado ahora a la ficción, la metáfora y las simbologías.

El caso es muy simple: “Cantante de 27 años que abusaba de las drogas y cantaba sobre ello muere en su casa de Londres”. Titulaba el Diario de Navarra, ya directamente: “Fallece Amy Winehouse, posiblemente, de una sobredosis”. Será posiblemente, pero hasta que la policía no lo confirme, el periodista no debería asumir nada de nada. ¿Acaso no ha sido un grave error decir que el asesino en masa de Noruega era islamista, cuando era todo lo contrario? Otro ‘posiblemente’ a la basura.

Luego están las premoniciones negras de sus canciones, los simbolismos de sus composiciones sobre las drogas y, peor, el llamado Club de los 27, que los medios atribuyen a una lista de gente famosa que murió a los 27, como buscando una maldición arcana.

En estos casos no hay paralelismos, metáforas, símbolos o figuras literarias que valgan. Es periodismo, y, existe una obligación ética de tratar esto como un suceso, sin más.

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Sobre esta crónica de la limpiadora que acusa a DSK de violación. Veo mucho prejuicio en acción. Que si se prostituyó, que si mintió sobre su pasado, que si era amiga de ladrones… Nada de eso impide que se la presuma víctima si así la tratan los fiscales, como nada impide que se aplique la presunción de inocencia sobre DSK. EL juez deberá decidir.

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