Wikileaks se enreda

La nueva cruzada de Wikileaks, contra el Guardian, da muestra de la deriva reciente de la organización. Assange se ha enemistado con varios grandes medios. Bill Keller, del @NYTimes, enumeraba sus agravios aquí. Ahora le corresponde al @Guardian, a quien Wikileaks acusa de haberle traicionado, volcando en la Red parte de los 250.000 cables diplomáticos que tenía almacenados.

Acusa Wikileaks al Guardian de filtraciones “negligentes” y “arriesgadas”. Qué ironía, pues son las mismas palabras que han usado contra Wikileaks el Pentágono y la Casa Blanca.

El recurso de Assange ha sido filtrar él mismo todos los documentos que faltaban por publicar, sin tomarse el tiempo de borrar los nombres de informantes de EE UU, cuya identidad ahora está al descubierto en países represores como Siria o en zonas de guerra como Afganistán. Pero la culpa, dice, es del Guardian.

A Wikileaks le está costando mantenerse relevante después de filtrar todo lo que tenía en sus servidores; Afganistán, Irak y los cables de la diplomacia. Lo está intentando. Genera debate en Twitter. Se enzarza en discusiones. Acusa a los medios. Pero esos palos de ciego son una muestra de algo que yo sospecho desde hace tiempo.

En la saga de las filtraciones, Wikileaks ha sido un protagonista accidental. Quien de verdad carga con la responsabilidad, quien tuvo la determinación (corajosa o delictiva, ustedes deciden) de robar los cables con una idea en la mente, en un contexto de angustia y frustración, fue el soldado Manning. En este asunto volvemos a ver una herida que EE UU se ha autoinfligido. Y Wikileaks no sabe muy bien qué hacer con ello.

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