Recelos en Afganistán

Hace dos semanas, en Afganistán, tuve la oportunidad de ver de cerca cómo trabajan las tropas norteamericanas sobre el terreno, en la base en la que nació la división internacional que ahora entrena a las fuerzas nacionales de aquel país. En Camp Phoenix había un gran contraste, una marcada dicotomía dentro/fuera. Quise retratarlo en esta entrada del blog de la corresponsalía de El País en EE UU: restaurantes y ciertas comodidades en la base, frente a la gran pobreza de las ciudadelas de los suburbios de Kabul, alrededor.

Mi presencia en Camp Phoenix era, frecuentemente, un incordio para los mandos de la Guardia Nacional (parte del Ejército de Tierra) que decidieron aceptarme en su base durante más de una semana. No lo decían abiertamente, pero se notaba que no entendían ni aceptaban con mucho agrado la presencia de un periodista extranjero en su base. Luego, en algunas conversaciones casuales, se les escapó a algunos soldados algún comentario que me hizo comprender mejor a qué se debían los recelos: “Claro, hicimos una investigación sobre usted y sobre su medio”.

“Claro”, dije. “Wikileaks”. Y no sólo el hecho de que El País, para quien escribo, publicara la última entrega de cables supuestamente sustraídos por el soldado Bradley Manning a las redes del Pentágono. Es que, además, la mayor parte de la cobertura específica de Manning en el diario es mía, hecha desde aquí, en Washington, donde Manning vivió y donde estuve encarcelado hasta hace poco.

[Siempre he intentado dejar las valoraciones sobre Manning fuera de mi cobertura. Para mí no es un héroe ni un villano. Es una persona a la que se acusa de traición. Si lo hizo, fue por unos motivos que sólo él sabe y que, además, él ha alterado en privado en numerosas ocasiones. Su familia, con la que he tratado ocasionalmente, comenzó con una campaña nacional de petición de justicia para Bradley y ha pasado recientemente a mantener un perfil bajo mientras duran las dos investigaciones, la civil y la militar. Hasta que haya un veredicto, además, no sabremos con certeza si Manning es autor de las filtraciones ni si las hizo en solitario].

La presencia de alguien que ha escrito tanto sobre aquel hombre al que muchos soldados y mandos consideran un gran traidor era un agravante para el recelo preventivo de los mandos castrenses en aquella base. Muchos soldados, sobre todo los hispanos, no tenían tanto reparo. Conocían el diario y hablaban con franqueza, una honestidad que retrataba a las personas que de verdad dan sentido a esta guerra tan desdibujada, después de tantos años y tantos fracasos acumulados. Hay, vi, una división enorme entre los que luchan y los que les mandan a luchar.

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